Andreita - Mi Pasado

 

Nací en el año de 1977. Cuando estaba en el vientre de mi madre (según me cuentan) todo el mundo decía que iba a nacer una niña (de hecho ya tenían preparado un nombre femeninio para mí), pero no fue así. Nací hombre, y como hombre he crecido toda la vida.

Descubrí el gusto por las prendas femeninas a muy temprana edad, teniendo unos ocho o diez años.

Me gustaba mucho la textura de la ropa interior, de las pantymedias, de las faldas y blusas, tan diferentes a mi ropa masculina. Me empecé a vestir a escondidas con la ropa de mi madre. Y como ella es modista, en casa siempre había algún vestido de una clienta que mandaba hacerlo o arreglarlo, y en contadas ocasiones cuando podía me probaba los vestidos de las clientas.

Me gustaba mucho imaginarme como una señorita, mirándome al espejo y desfilando para mí tantas prendas y vestidos como podía.

Luego empecé a autoestimularme estando vestida. Por esto fue que mi madre me descubrió a la edad de 10 años, pues por descuido mío había dejado manchas de mis fluidos en varias prendas (tanto íntimas como externas), y me fue muy difícil negarlo. Sin embargo, eso pasó sin mayores contratiempos, sin castigos ni opresión.  Luego de eso empecé a ser más cuidadosa al vestirme y al excitarme.

Al crecer, y entrar en la secundaria, el gusto continuaba, y así crecí mi vida de adolescente, vistiéndome cuando podía, y maquillándome superficialmente con labial y sombras. Cuando yo tenía trece años de edad en casa adecuaron una habitación para arrendar, y recibimos a una inquilina, una mujer de unos 35 años. Aprovechando la soledad, empecé a vestirme con la ropa de ella, que me quedaba muy a mis medidas, pues teníamos un cuerpo similar. Siempre he tenido un cuerpo delgado, y esta fue una ventaja para usar la mayoría de prendas que encontré en el armario de la inquilina. Además, ella tenía ropa mucho más sexy que la de mi madre, ye me fascinaba vestirme con esas prendas.

Mi gusto por transformarme ha tenido sus épocas. Y si bien ha habido momentos en que se manifiesta muy fuertemente, en otras épocas ha sido algo casi desapercibido y secundario. Terminando la secundaria y empezando la universidad fue una época de poco travestismo, en la que casi no pensaba en eso. Aunque ocasionalmente aprovechaba estar en casa de compañeras para robarles un brassier o un panty.

En la universidad, pues mi vida transcurrió normalmente. Tuve un par de novias que se enteraron de mi gusto, y me lo toleraron. Incluso en ocasiones me prestaban su ropa y teníamos juegos eróticos de intercambio de prendas y roles.

Ya empezando mi vida adulta, y logrando cierta independencia, empecé a comprarme mi propia ropa, hasta tener una provisión de ropa interior y exterior muy a mi gusto. Además también me empecé a interesar por obtener información acerca del travestismo y el transgenerismo. De este modo he podido comprender mucho mejor el fenómeno, y conocerme a mí misma.