¿Quién eres tú?

 

Lo primero y más importante es reconocerte a ti mismo y a tu mujer interior, aceptarte a ti como persona, y aceptar a tu parte femenina totalmente, enfrentarte con ella para ver qué tan importante es para ti, analizar lo que has aprendido de ella, lo que le puedes dar y como la puedes construir (y hasta qué punto).

Cuando tengas definido hasta dónde llevar tu travestismo y qué tan lejos quieres llegar, ya el resto fluye tranquilamente como agua. Para esto debes tener en cuenta varios aspectos: si tú te vistes como mujer sólo en tu intimidad, o si deseas hacerlo público; si deseas transformar tu cuerpo o no hacerlo; si es para ti un juego erótico-sexual pasajero, o si es algo que sientes en cada momento; si te vas a vestir cada determinado tiempo, o si cada día te pones una prenda femenina bajo tu ropa.

Cuando empieces a analizar esos aspectos dentro de ti misma, empezarás a reconocer qué tan intenso o que tan frecuente es tu travestismo y a partir de ahí verás cómo el camino se abre ante ti indicándote lo mejor que puedes hacer para vivir con este gusto sin que te lastime a ti misma. No dejes de amarte a ti misma, consiéntete, no le temas a tu niña interior, pues es una parte muy importante de tu vida y quizás ella se ha manifestado de otras formas en tu vida cotidiana (en gustos por música, cine, literatura, si escribes o dibujas, si eres tierno con una mujer... etc.).

Cuando pienses en ti misma como mujer, cuando te vistas, cuando te excites y cuando cultives tu feminidad, no tengas miedo de sentirte plena y feliz... este gusto no es algo malo ni algo prohibido... no es algo por lo que debamos sentirnos pecadoras ni nada parecido. Es simplemente algo que es parte tan nuestra como nuestros gustos artísticos, nuestra tendencia política o nuestras ideologías religiosas; es decir: es tan sólo uno de los muchos aspectos que nos hacen seres humanos.

 

Lo que NO eres

 

No eres un bicho raro.
No pecas cuando te vistes de mujer.
No estás enferm@, ni loc@.
No eres medio-hombre; tampoco eres media-mujer, sólo eres un ser humano común y corriente.